El delta del Paraná es el quinto más grande del mundo. Este extenso mosaico de humedales comenzó a formarse hace 150.000 años y no para de crecer. Los ríos Bermejo y Pilcomayo –al norte de Argentina– depositan sus sedimentos en el río Paraguay, que a su vez los descarga en el Paraná, acarreando millones de toneladas anuales que avanzan sobre el estuario del Río de la Plata. Se estima que el cuerpo del delta crece unos setenta metros por año.

 

El proceso de formación de islas nuevas es lento y repetitivo, e involucra diversos procesos ecológicos, hidrológicos e incluso de influencia humana. Los sedimentos que bajan por el Paraná forman bancos que luego son colonizados por juncos y camalotes. Los nuevos juncales disminuyen la corriente de agua y estimulan la retención de esos sedimentos. Así, ceibos y pajonales encuentran tierra donde desarrollarse y, junto a otras especies, contribuyen con sus raíces a consolidar las islas.

 

El Bajo Delta del Paraná se compone de un millón y medio de hectáreas, un territorio equivalente al de la provincia de Tucumán, con quinientos cursos de agua y poblado por cientos de especies animales, bajo el amparo de una majestuosa vegetación. Sus características ecológicas especiales la desecharon desde un principio para la implantación de explotaciones agrícola-ganaderas típicas de la región pampeana, donde se inserta. Su colonización -basada fuertemente en la inmigración europea de fines del siglo XIX y principios del siglo XX- definió una situación con predominancia absoluta de unidades productivas sostenidas por el trabajo del grupo familiar. Actualmente, este delta se constituye como una región forestal que abastece a la industria celulósica-papelera nacional, y su unidad productiva dominante es la explotación de tipo capitalista.

 

Coexisten allí 17 jurisdicciones políticas y al menos 85 instituciones y organizaciones locales. Esta multiplicidad de actores, sin un espacio de consenso, deriva en una fragmentación de visiones acerca del rol, el futuro regional y las estrategias para su desarrollo. Como consecuencia, surgen caminos divergentes, dispersión de esfuerzos, estrategias de corto plazo y una amplia cantidad y variedad de demandas insatisfechas de estos actores.

 

Así, se constituye como una zona atípica dentro de la región que la rodea, con ritmos internos propios, pero que existe en relación a su dinámica con el sector de entorno, conjugando legalidades propias de su funcionamiento interno, con macro-procesos regionales y nacionales.