Capadocia

¿Cómo sacarle provecho a una piedra?

Cuando la realidad socava la imaginación hasta volverla polvo

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Capadocia, Anatolia Central - Turquía - Agosto 2019

Cómo en la antigua fábula portuguesa de la “sopa de piedra”, los habitantes de Capadocia fueron sumando ingredientes al paisaje fantástico de la región hasta convertirlo en un boom turístico, migrando de un milenario pasado troglodita a un presente políglota.

 

Hoteles lujosos excavados en la piedra, globos aerostáticos avasallando el amanecer y un largo etcétera de todo tipo de chucherías y paseos alrededor de la monumental historia de este paisaje desértico, con amplitudes térmicas que oscilan entre la nieve de invierno y el calcinante sol estival.

 

Pero más allá del despilfarro turístico que ha transformado a pequeños pueblos como Goreme en un mundo de ficción, basta solo con comenzar a caminar para adentrarse en valles de fantasía, de enormes montañas en piedra volcánica diseminadas por doquier que adoptan formas lunares, producto de la erosión y del paso del tiempo, donde los primeros pobladores hititas crearon ciudades y fortalezas dentro de cuevas tanto en lo alto de esas montañas como por debajo de la árida estepa.

 

Así, antiquísimas ciudades subterráneas se extienden en paralelo a las modernas de la Anatolia. Túneles cada vez más estrechos tallados en la piedra que descienden a lo insólito y se entrecruzan en una deriva laberíntica hacia amplias bóvedas que alguna vez albergaron hasta 20.000 personas en sus profundidades.

 

En la superficie, la vida se escurre lenta entre montañas esculpidas por el viento y la lluvia, mientras cada pisada en el polvo suena a hueco y las fincas viñateras, muertas de sed, se camuflan de amarillo, levantadas estoicamente a retazos de piedra y madera.

 

Así como no hay lluvia que pueda saturar a este desierto, tampoco pareciera que hoy el abuso turístico practicado en los últimos años pueda opacar sus bondades naturales.