Cenizas quedan

“Se llenaran de oro y plata y no tendrán que comer”

 

 

El ruido del fuego es estremecedor. El humo asfixiante y el poder destructivo de sus llamas son evidentes, más aun cuando cruzan el río e invaden las ciudades, inundando pulmones y conmoviendo retinas. Pero cómo suena de cerca es realmente impactante. Claro que la culpa no es del fuego, elemento vital en nuestro cotidiano, sino de los intereses que lo alimentan.

Los desastres naturales dejan de serlos cuando hay responsables materiales. Sus consecuencias irreparables no desaparecen pero emerge tras de sí una sensación de bronca que nunca podríamos tener ante la naturaleza actuando por sí misma. Para los habitantes de las islas, cuando el río arrastra las casas con su furia inocente y permanece meses inundándolo todo, la respuesta oscila entre sumisión y pleitesía frente a algo que es mucho más grande que uno y que en ese acto también sigue formando las islas que pisamos.

Pero que un fuego destruya miles de hectáreas de monte nativo, hogar de cientos de especies animales, y que ese mismo fuego llegue a las puertas de una casa o también se la llueve puesta, solo porque alguien tuvo un descuido con una limpieza de malezas o porque simplemente no le importe nada más que sembrar vacas o realizar un emprendimiento inmobiliario, entonces si nos encontramos frente a un crimen, a un Ecocidio.  

¿Cómo seguir después de una pesadilla que recurre cada año cuando no hay culpables y solo las cenizas quedan?

press to zoom

press to zoom

press to zoom

press to zoom
1/21

Delta del partido de Campana - Provincia de Buenos Aires, Argentina (Agosto 2022)