JOPARA

Paraguay, tierra roja, sangre que la trabaja y que la tiñe.  Grandes latifundios y los sin tierra entrelazándose en la constante lucha por y contra la propiedad. Los pocos incluidos y los vastos excluidos redefinen lo que les queda aventurándose a vivir o a sobrevivir en una tierra de repartos injustos.

Un Estado definido por sus aguas: el Pilcomayo, el Paraguay, el Apa y el Paraná Guazú, venas mestizas que se desangran caudalosamente cuando el privado se afianza en la economía.

Una nación que crece mirando al otro lado del río, mientras el monte perece de la mano del progreso y los transgénicos se comen de a poco al pueblo. El etnocidio encubierto de la mano de una balanza comercial favorable. Grande estancieros se llenan los bolsillos con el monocultivo de la soja, el maíz y el trigo, sin vacilar en usar indiscriminadamente agrotóxicos para proteger su inversión, devastando así las tierras para cualquier otro uso. Sin monte no hay comida para el originario ni para el campesino. Inutilizar sus tierras como medio efectivo para su expulsión y desplazamiento a las grandes ciudades, donde solo les espera mendigar para sobrevivir la miseria. La tierra, bañada en glisofato, llora sangre guaraní. El cristianismo trajo un nuevo dios para llorar, occidente les saca el monte y con él se extingue una cultura que no encuentra en el dinero un medio para proyectarse… “ellos trajeron las cosas, antes no había cosas”, relata una anciana tupí-guaraní.

En el “Paraíso de Mahomet”, en ese Paraguay que no fue, un originario se lanza con agua sobre el parabrisas de un auto en Ciudad del Este, mientras que las grandes corporaciones definen el rumbo de un país que a los ojos del mundo merece ser agroexportador de primera, si quiera para que al menos exista.

Los reclamos son claros. Desde la política, el campesinado y los originarios, la reforma agraria es inminente y necesaria, para terminar con los latifundios y despertar la soberanía alimentaria de un pueblo que no precisa el crecimiento económico de un modelo productivo de exclusión, sino desarrollo sustentable, democracia participativa y autodeterminación.

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Trabajo realizado por Matias Barutta y Diego Mares, Paraguay (2011)