Buscando el Azul

Verde obsceno, profundo marrón e inalcanzable azul. De Iquitos a Leticia, el Amazonas con su inabarcable cauce, trenza una línea de vida como sostén para sus pueblos, en la obscuridad de todos los días y en la eternidad de cada noche.
 

Así lo hace la fascinante obra de Víctor Churay, que oscila entre el sueño y la vigilia, recorriendo los recodos de la selva con su pincel, buscando el azul en sus pigmentos.
 

Lo que encuentra en ese camino trasciende su búsqueda y la multiplica por cuanta orilla pueda abarcar un rio tan basto como el Amazonas. El arte de observar con el corazón, sin mayores pretensiones.  

*Víctor Churay Roque fue un pintor indígena del pueblo bora, oriundo de la pequeña aldea de Pucaurquillo, en la Amazonia peruana. Su obra se avoco a mostrar la naturaleza e historia de su pueblo, junto a la infatigable tarea de buscar el tinte azul natural en el monte. "Así es la selva" solía repetir, y sus imágenes dan cuenta de ello.

El estrepitoso silencio para la pintura indígena que dejó su repentina partida -aquel 14 de abril del 2002- no podrá subsanarse nunca sino mediante tímidos tributos y el impulso para otros pintores de la cuenca del Ampiyacu a romper con la desidia histórica que recae sobre sus pueblos, dando a conocer el arte y la idiosincrasia indígena al mundo entero.

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Amazonia Peruana - Colombiana - Diciembre 2015

Mangare perdido en la selva, el arco y la flecha hechos pólvora. "Buscar el azul" en la naturaleza fue la inspiración del pintor Victor Churay. Faro inalcanzable para reflejar los matices de su pueblo  allá en la pequeña aldea de Pucaurquillo, donde conviven Boras y Uitotos, originarios del Putumayo pero traídos a las márgenes del Amazonas para trabajar el caucho en la ruta que instauró el gran capital europeo entre Manaos e Iquitos.

 

El sexo de los bufeos, yuca por doquier, batallones atrincherados en el monte y alambrados con ropa colgando por días enteros frente a la insoportable humedad y las repentinas lluvias. Mariposas premonitorias, plantas que enloquecen y la sombra de la selva que todo lo envuelve.

 

La religion occidental, un ancla encallada en corazones salvajes. Bautistas, anabaptistas, evangelistas, cristianos… hasta el pueblo israelita tiene su nueva tierra prometida sobre el Amazonas, a tan solo 100 kms de Iquitos, esa “multitud separada por las aguas”. Entre tanto, San Pablo crece con su pasado leproso y entre anécdotas del Che.

 

Gringos defraudados por la ausencia de plumas en este proceso de “culturalización” que viven las mayoría de los pueblos indígenas amazónicos. Un camino de cemento en la aldea Ticuna que se ofrece en el paquete turístico, atenta contra el aún vigente ideal colonizador europeo. El sagrado yagé, convertido en divisa.

 

En este espaco de tiempos paralelos, marcados por la pesca de la mañana, el almuerzo del mediodía y el tinto o la cervecita de la tarde, las tormentas demenciales que se desatan una y otra vez, son refuerzo de una idea de detención que sobrevuela; de pausa mientras la vida acontece lejos de ese ritmo férreo del reloj fabril.