Aquidaban

El Aquidaban dejó el puerto de Concepción antes del mediodía, deslizándose  lentamente río arriba por el Paraguay.

La estiba ocupó todo el día anterior y la barcaza de proa abierta se fue atiborrando de mercadería con el ir y venir de hombres y mujeres fornidas haciendo equilibrio sobre hoscas planchas de madera bajo el ojo atento del capitán, que en el mientras tanto, vendía pasajes desde una pequeña garita del puerto.

Los comerciantes ocupaban la parte baja creando un apretujado y completísimo mercado flotante que iba mutando con el correr de los días entre puerto y puerto, cuando del otro lado de la ventana las escenas se repetían: costa verde del lado oriental y árida del lado chaqueño, puertos de movimientos de hormigas. El segundo piso era de pasajeros, que entre asientos, hamacas y camarotes, abarrotados se acomodaban como podían para pasar días y noches parsimoniosas hasta llegar a Bahia Negra, puerto final del Aquidaban, al norte de Paraguay, en la frontera amazónica con Brasil y Bolivia.

Cuando las vías terrestres para llegar a Vallemi, Fuerte Olimpo o Bahía Negra, se vuelven intransitables por las lluvias, los comerciantes encuentran su medio en el Aquidaban, pasando a ser la mayor parte de la población a bordo. Otros muchos pasajeros van a trabajar en estancias como peones rurales de grandes estancieros brasileros. “En la capital no hay trabajo, y si se consigue se paga mal”, relata Antonio que viaja con su hijo mayor para trabajar en la estancia durante seis meses, dejando a su mujer y a sus otros tres hijos en Luque, en las afueras de Asunción.

Cae la noche y todos buscan algún rincón para cobijarse. Las hamacas comienzan a crepitar y abultarse, los bancos se convierten en camas al igual que la fría chapa del suelo, mientras se prende y apaga la luz de un barco y una tripulación que trabajan día y noche en cada puerto, bajo el intenso sol o indiferentemente bajo inagotable manto de estrellas.

Una leve llovizna cae, aun agradable en medio del clima templado. Río arriba, las fábricas de cal comienzan a aparecer en las márgenes, como islas desérticas entre la frondosa vegetación del litoral.

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Trabajo realizado por Matias Barutta y Diego Mares, Paraguay (2011)