Más acá del río – Columna del delta

Esta columna nace de la necesidad de informar a la población local de Campana-Zarate (Prov. de Buenos Aires, Argentina) la situación del sector de islas de la zona: sus virtudes, sus necesidades insatisfechas, su patrimonio cultural y natural. Se establece como estrategia comunicacional un período ventana entre los meses de diciembre 2016 y marzo 2017, impactando semanalmente en los diarios La Autentica Defensa de Campana y La Voz de Zarate, con continuidad aleatoria a futuro. 

El barro sublevado
x Matías Barutta

Domingo 18 de Diciembre 2016

"Un camino congelado, cauces de agua modificados, fondos que nunca llegan y promesas en el aire. Las cosas en su sitio: la Isla, un latifundio de madera. Y el río barriendo sus penas, una y otra vez. Paraná, frontera tenaz que oculta las mezquindades del Estado de derecho. Paridor de islas donde misterio y libertad coquetean con el abandono."

Así da inicio una carta abierta bajo la firma colectiva de “Vecinos insulares y continentales congregados por un nuevo delta”, que en estos días comenzó a circular por la Isla, sumando avales y poniendo en discusión –tanto al interior como hacia continente- el devenir y el históricamente ninguneado potencial de este territorio.

“Nuestro Delta padece de un olvido crónico y la gestión de gobierno  que asumió hace un año no hizo nada por remediarlo. Quizás basta solo con preguntar por el precario presupuesto invertido en isla durante 2016… Es que cuando rebalsa la olla este gigante de barro pega el grito y nos hace temblar a todos. Temblar de indignación y rabia, rebalsar de jovial rebeldía.”

 

Esta carta -mezcla de una prosa visceral y datos concretos- habla de montos extraviados y responsables por su gestión y abarca una cantidad enorme de reclamos básicos insatisfechos del sector isleño, que desde la redacción me propongo (conjuntamente con otros colegas y vecinos)  ir tratando de forma dosificada y constante, buscando quizás, no ya la utopía de cambiar la realidad de un plumazo, sino ir generando conciencia a la población en general de las bondades de nuestras islas y de los derechos humanos vulnerados más básicos que las adolecen.  

 

Entonces, vayamos por partes e intentemos primero la odisea de llegar al territorio.  “A la fecha, la Isla de Campana permanece inaccesible. No existe servicio de transporte fluvial, más allá del contratado por el Ministerio de Educación para transporte escolar, debiendo el vecino isleño implorar un lugarcito -que mayormente es negado- a directivos escolares tantas veces distantes a la realidad de las islas. Vale recordar que nuestro municipio, con casi 700 km2 de influencia insular, ni siquiera posee una lancha para entrever sus necesidades. Pero este territorio tiene la dicha de no estar entrecortado por tantos ríos y arroyos, como es la zona del bajo delta en su cercanía con el Río de la Plata. Esta condición física le posibilita plantear una infraestructura de caminos vecinales interconectados por balsas y conectados con continente río arriba por el Complejo Zarate-Brazo Largo y a la altura de Otamendi  por un trasbordador.”  Esta última embarcación mencionada, actualmente explotada por la Cooperativa de servicios forestales, hoy tiene un costo de $ 750 para que una persona con su automóvil pueda ir y venir en el día a su hogar, por tan solo cinco minutos de trayecto. Vale aclarar, que se estiman unas 1.000 personas viviendo en las islas de Campana, que padecen esta problemática cotidiana.

 

Entonces se dispara la consulta pública por “los $ 700.000 destinados a continuar la construcción de un camino vecinal clave para el desarrollo del sector y congelados en las arcas municipales desde principios de año. O sobre el cheque por $ 200.000 recibidos de Conindelta, que fueron tapa de diario en Mayo con el debacle de la creciente, pero que nunca cruzaron el río.” Montos pequeños para la obra pública en general, pero de vital importancia para empezar a construir infraestructura en isla. Y es que esa “estéril y desfinanciada Subsecretaría de Islas” a la que se hace mención, debería por ley contar con una abultada caja propia, correspondiente al canon arenero del Conidelta, de aplicación específica al sector insular. 

 

Algo se mueve en el monte, es el descontento que inquieta luego de tanto sedimentarse. Se hace barro y se subleva.  “Más acá del río” es el título de esta carta abierta y es también el nacimiento de una columna que pretende despertar un diálogo público entre la ciudadanía y nuestras autoridades, frente a un territorio que nos pertenece a todos.

Quinta al fondo
x Matías Barutta

Domingo 15 de Enero 2017

Empieza un nuevo año y las vecinas y vecinos no suben de categoría. De ciudadanos de segunda se pasa aún más al fondo, para repensarse de cuarta o quinta. Y es que con el fin del período lectivo y el inicio de las vacaciones ya no vale enfermarse. Ahora sí que no hay manera de llegar a esa salita estaqueada en el corazón de la Isla y sostenida estoicamente hace años por la inquebrantable vocación de una enfermera y un escueto cuerpo médico que aleatoriamente la acompaña, haciendo malabares con los pocos recursos que disponen.

 

Hoy no hay forma de convencer al patrón de abordo para la gauchada de acercarnos a la salita o de conseguir la autorización de un directivo escolar. Simplemente en enero y febrero no hay transporte fluvial público posible. Y si se trata de esperar la finalización de los caminos terrestres que la comuniquen con todo el espectro insular de su competencia, la cosa va para largo, muy a pesar de que a partir del 2016 nuestros vecinos isleños comenzaron a tributar la “Red vial municipal”, por infraestructura inexistente. Pero mejor retomemos un pasaje de la carta abierta publicada en diciembre por los “Vecinos insulares y continentales congregados por un nuevo delta”.

“A fines de Agosto, se aprobaron las obras por  $ 3.000.000 para reconstruir y ampliar el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) del Blondeau. Un centro de difícil acceso para la mayoría de la población isleña que no cuenta con movilidad ni servicios de transporte. Es decir, una obra necesaria –dado que el sistema de salud en isla es deplorable- pero de alcance limitado o desproporcionado al ser elaborado de forma inconsulta con la comunidad isleña. Y esto no es de sorprender, ya que nuestro municipio no tiene idea de cuantos pobladores habitan cada canal y arroyo, o sobre las riberas del Paraná; mucho menos de sus necesidades, como por ejemplo es el acceso básico al agua potable, cuando muchos vecinos tomamos agua de un río que trasporta el uso desregulado de agrotóxicos por parte de la industria forestal. Vale aclarar, que a la fecha, ni un solo ladrillo fue movido para llevar adelante esta obra de reconstrucción del CAPS.”

 

Continuando con el extenso cuerpo de esta carta, estos reclamos puntuales emergen en función a lo expuesto.

 

-  Mejoras urgentes en el precario servicio de salud pública, y aprovisionamiento, control e instrucción en el manejo seguro del agua potable.

-  Establecimiento de un servicio de transporte de pasajeros fluvial y terrestre de forma regular y supervisados por el Estado.

-  Afectación municipal de lancha, camioneta y ambulancia para uso del sector de islas.

- Publicación de informes de impacto ambiental de las empresas radicadas en el territorio.

 

Vale resaltar el espíritu de esta columna semanal, que no es el de la ofensiva perpetua, sino de navegar los sentires de la Isla cuando nos halle el remanso y descargar cuando haga falta, configurando una suerte de “columna de trinchera”, abierta a la comunidad.

El trueno entre las hojas
Fotografía x Matías Barutta

Poesía x Fátima Alvarez

Domingo 22 de Enero 2017

Un abra oscuro en el monte.
Una alameda en la costa,
un pontón en el zanjón
y un isleño que lo impulsa
clavándole un empujón.
Cargado verá la chata
que lo aguarda río abajo
y el zanjón se vuelve atajo
para llegar al final
del isleño y su jornal,
que de mucho atropellar
se encuentra con sus centavos
porque sabemos que pavo
sólo come el capataz.
Entonces el monte queda
talado a moto y machete,
el aserrín será el saldo
que le queda a la cuadrilla
y el " diablo" con la horquilla
juntará buenos billetes,
cuando le caiga ese flete
en alguna papelera.
Y al cabo que la madera
en veneno se convierte;
más esto es como todo,
es una simple cadena. 
Cada eslabón es condena
del que trabaja en el monte,
del isleño y de sus penas.

Eslabón 

Versión web en La Autentica Defensa Diario : http://www.laautenticadefensa.net/137000

La Isla no cabe en las urnas
x Matías Barutta

Imagen: “El peso de las elecciones” escultura de Elisabet Morel realizada con elementos del paisaje isleño y boletas electorales.

Domingo 29 de Enero 2017

De cara a un nuevo año electoral - y quizás también algo golpeados por la reveladora carta redactada por los “Vecinos Insulares y Continentales congregados por un Nuevo Delta” (VICCND) - nuestros políticos parecen recordar que tenemos un delta susceptible de recibir política pública. Así nos vamos enterando de reuniones, visitas al territorio, cartas leídas y nuevas promesas de hacer. Enhorabuena, esperemos que alguna llegue a concretarse antes que terminen los comicios.

Por lo pronto, ninguna de las acusaciones por desidia actual e histórica que emanaron de la mencionada carta y que fuimos repasando en esta columna fue retrucada públicamente. Sin más, quien calla otorga. Ya nos sumergimos en las necesidades básicas insatisfechas ligadas al transporte y a la salud, al acceso a los servicios elementales (agua, luz, etc.) y por ende a la calidad de ciudadanía que unos u otros podemos ostentar por estar más acá del río.

Pero quizás todavía no redundamos en un aspecto esencial que seguirá marcando el paso de esta columna: el bien común que conforma nuestro patrimonio cultural isleño. Y es que en esta parte del delta todavía resiste una identidad isleña, forjada en el monte al pálpito del machete y bañada por la fuente inagotable del Paraná. Mestizaje de gringos escapando del hambre, de litoraleños detrás de sus hachas y del linaje guaraní inmerso en lo más profundo del barro e impregnándolo todo, hasta a aquellos que llegamos a las islas de las formas más variadas e insólitas. 

Retomemos un último pasaje de la carta redactada por las y los VICCND: “Desde tierra firme, aparte de hileras de árboles y vacas, la única salida posible para el sector parece la industria del turismo. Generar un ambiente propicio para quien se quiere escapar de la capital y entrar a un mundo “salvaje y desolado”, invirtiendo tan solo en cartelería donde figuran espacios, como el Recreo Blondeau, que pronto serán ruinas si no se trabaja seriamente en esta alternativa productiva, posiblemente tanto o más devastadora para la cultura isleña que la actividad forestal intensiva. Recordar que nuestro delta no es color rosado, sino marrón.”     

El centenario Recreo Blondeau, situado en el corazón del delta allí donde confluyen el canal Alem y el río Carabelas, donde ofició la primera escuela de isla, más tarde mítico salón de fiestas y en 2008 declarado “Patrimonio Histórico Municipal”; almacén de ramos generales y a la fecha punto de encuentro de isleñas e isleños desde Entre Ríos al Tigre… hoy tiene colgado un cartel de venta que se ahorca en un grito sordo de auxilio desde la última gran creciente, sin el menor reconocimiento al esfuerzo de una persona que mantiene intacto este espacio hace más de cincuenta años. Después del derrumbe de la Casa de los Costa, no hay postal más abrumadora del Estado de laissez faire respecto a nuestro patrimonio cultural. “Dejen hacer, dejen pasar, el río va solo”.

Versión web en La Autentica Defensa Diario : http://www.laautenticadefensa.net/137192

Volverse tierra sin dejar de ser agua
x Matías Barutta

Pintura x Rocío García

Poesía x Fátima Alvarez

Domingo 5 de Febrero 2017

No hay secuencia más tangible que el incesante fluir de las aguas y el minucioso proceso de formación de islas que trae aparejado. Por más que pasemos nuestras vidas enteras frente a este fenómeno no apreciaremos sino un instante de su real magnitud. Instantes somos y solo eso podremos atesorar de este legado marrón. Pero el río todo se guarda desde que el tiempo es tiempo y cuanta voz lo haya querido explicar. Parafraseando el poeta isleño Oscar Pedrazzoli, que gestó su prosa en las orillas de nuestra ciudad: “Llévame hermano río, cuando mi cuerpo muera y reparte mis huesos, hacia lo que vendrá. Quiero tu tumba de agua, cuando mi boca no hable, y guarda mi silencio en tu peregrinar”

Isleño paisano del río

camarada de las islas

hermano de los montes.

Isleño, corazón intenso

del agua y la tierra.

De una vida en armonía.

Isleño, eterno abrazo

de arroyos devenidos

en arterias desplegadas.

Isleño, rojo fuego del ocaso

cielo estrellado en noches de verano.

Isleño, tereré, guiso

chicharrón y tortafritas

Pan casero y el chupín

regalo de la pesca del armado.

Isleño, espineles, trampas y escopetas;

rastro y caza en el bañado,

zanjones y riberas.

Isleño, sauce migra

casuarinas, la morera y la glisina.

Isleño

Versión web en La Autentica Defensa Diario : http://www.laautenticadefensa.net/137380

No me olvides continente
x Matías Barutta

Poesía x Fátima Alvarez

Domingo 12 de Febrero 2017

No me olvides continente

pues soy isla de este delta

que va y viene

en el agua de crecidas.

No me niegues continente

ni te acuerdes solo en la limosna

que me resta dignidades.

No me olvides continente

soy isleño que enriquece

la cultura de un pasado

usurpado por algunos.

Tenme en cuenta continente

soy soporte de mi patria

y estoy firme donde pocos

ponen pie muy raramente.

Si soy uno, si soy muchos

no te importe,

porque allí donde tu sueño no se anima

nace el mío

como el grito dolorido de estas tierras.

 

 No me olvides

A poco de cumplirse un año de la última gran creciente -azuzados aún por el nivel de las aguas cada vez que sopla del sudeste, hay marea en el Río de la Plata o abren las compuertas de las represas río arriba- y todavía intentando comprender la acción-reacción de este fenómeno tan complejo que es la crecida, las vecinas y vecinos isleños aún sostienen un reclamo histórico: el dragado de los ríos, arroyos y canales.

Dragar un curso de agua es lo más parecido a un by-pass en el cuerpo humano y se trata justamente de desbloquear las arterias de este gran pulmón que es nuestro delta. Para situarnos en el tiempo, el último dragado de la zona data de los años ochenta.

Cualquiera que transite estas aguas cotidianamente sabe la curva que hay que pegar al ingresar por el canal Alem o el río Carabelas desde sus hermanos mayores -el Paraná de las Palmas y el Paraná Guazú respectivamente- dado que la lógica de la línea recta, en este caso, equivaldría lisa y llanamente a quedarse encallado. Y es que la draga no solo implicaría un mejor drenaje de las aguas ante el perpetuo temor de la creciente, sino principalmente la garantía de paso cuando el agua está baja por demás. Nuestros niños y niñas  -que aún cuentan con el servicio de lancha como transporte escolar- a la fecha pierden casi la mitad del período lectivo entre mal tiempo, neblina y agua baja. Esta última variable, con un buen dragado, sería por lo menos evitable.

Además de los bancos de barro y arena que impiden el paso, existe el problema constante de troncos clavados en los lugares de siempre que -similar a un bache en continente- parece inconcebible que ya sepamos de antemano donde se encuentran para esquivarlos. Ni hablar de la cantidad de residuos de la industria forestal que suben y bajan mansamente por los afluentes del Paraná requiriendo cualquier navegante de un quinto sentido para surcar las aguas y no morir en el intento.

Para el 2016 el dragado del Canal Alem era una certeza que nuestro municipio comunicaba abiertamente. Al año de estar con el agua al cuello no solo no llegó draga alguna sino que tampoco se trabajó en un plan de contingencia ante un nuevo desastre “natural”. Por ejemplo, seguimos sin un centro de evacuados o una lancha para atender emergencias. La suerte quedará nuevamente echada a una esporádica reacción caritativa cuando envíen algún cargamento de agua y fideos desde La Plata. Esperemos que la cercanía de los comicios electorales del 2017 apure este pedido y espabile a nuestros funcionarios antes que el agua, otra vez, nos gane de mano.

Jangada de sueños
x Matías Barutta

Domingo 19 de Febrero 2017

Hay quien dice que la diferencia fundamental entre la historia y el mito radica en que la historia parte de hechos reales que terminan avalando una mentira, mientras que el mito surge de la fantasía para develarnos una gran verdad. En la Isla no parece darse ni una cosa ni la otra, sino una tangente que se pierde en algo semejante al realismo fantástico, amalgamando un relato difuso que cambia según su narrador y que se vuelve una picada abierta en pleno monte hacia el misterio, un racconto de obstinación y abandonos sostenido unívocamente en la catástrofe: los hechos siempre nacen o incluyen una creciente o un incendio que determinó un volver a empezar, una y otra vez. En esta línea de tiempo, el agua es el poder, y controlarla es la ilusión.

Y en ese devenir histórico, anónimos para el resto del mundo pero reyes en sus islas, nacen personajes de cotidianos inverosímiles que esconden grandes enseñanzas de vida, atajando sueños cual jangada de troncos río abajo.

La columna de la fecha es un homenaje a esos héroes anónimos que ni la distancia pudo silenciar y que en su día a día sostienen vivo el “patrimonio cultural isleño” de nuestra comunidad.

Abajito de un sauce llorón

-con el hilo durmiendo en el agua-

y pitándose un tabaco “armao”

que se enreda en los rayos del sol:

Justino Vivas,

sueña en su siesta, del día domingo,

todos los sueños que en la semana

el soñó…

 

¡¡Porque bramaba la motosierra!!

dentro del monte con el calor

-como un enorme animal herido

hachando rabia de su interior-

Justino Vivas,

hachando rabia de su interior,

sueña en sus sueños:

Los machetazos al pajonal,

El hacha al viento,

cortando aire

para fondearse en toda la carne

del árbol grande,

que hachando rabia

la motosierra ya derribó…

 

Justino Vivas,

duerme en el aire,

porque un pez gordo puede picar.

Así es su vida de saltarina

hasta que un día

descansará.

Todas las siestas de los domingos

irán pasando por su soñar.

Serán jangadas tus sueños puros,

Que como el humo se enredarán:

sin hachas rabia,

bebiendo savia,

se enredarán:

a la sonrisa que irá tallada

en la morena piel tu cara.

Como una risa;

agradecida por esa vida tan saltarina

que hoy bajo un árbol:

descansará.

 

“Canción para Justino Vivas” x Oscar Pedrazzoli

Don Melgar, desde el Canal Alem. 88 años tejiendo sueños junto al río.

Ramona piel aceituna

piel de coraje.

Ramona, Paraná sol y luna

camalote y embalse.

Ramona pelea la vida

con agua crecida,

la canoa a pique

y con monte que arde.

Ramona, la que amasa panes

la que teje sueños

la que pesca bagres.

Ramona, la que siembra estacas

mientras nacen hijos

entre mimbre y sauce.

Ramona, la que espera mansa

que la vida pase.

La que cuenta historias

que ocultan las islas

entre verde y aves.

La que sabe todo

de este río inmenso

y que ve la costa caerse y pararse.

Ramona, la que puso sello

en los arenales

y entre agua y barro

dejará sus huesos

para que descansen. 

"Ramona" x Fátima Alvarez

Versión web en La Autentica Defensa Diario : http://www.laautenticadefensa.net/137794

Repoblar el Delta, un desafío impostergable
x Matías Barutta

Domingo 26 de Febrero 2017

“Este canal antes era un pueblo, había gente en cantidad…”, relata Don Melgar -habitante histórico del canal Alem- haciendo referencia a los años cincuenta, cuando él llegó a estas islas. Y es que la realidad de hoy contrasta amargamente con este recuerdo de quien se quedó solo en el pago, y los datos de los sucesivos censos la contienen: en 1960 la población de las islas de Campana rondaba su pico en los 2.000 habitantes mientras que hoy no podemos hablar de más de 1.000. ¿Por qué se fue la gente? ¿Por qué no vuelve?

 

Frente a estos cruciales interrogantes repasemos primero un poco la historia de nuestras islas con el foco puesto en el “Trabajo”, como faro para las siguientes columnas ya que su conquista es el eje para plantear cualquier camino posible hacia un desarrollo genuino del sector.

La actual población del Delta data de finales del siglo XIX, cuando numerosos inmigrantes, guiados por el proyecto “civilizador” esbozado por los ideólogos de la organización nacional de la época, fueron arribando a un paisaje tan rico como inhóspito, para avocarse primero a la fruticultura familiar y luego de lleno a la explotación forestal y ganadera. Cuerpos escapando de la guerra y del hambre. De la revolución industrial europea a la soledad del frío invierno del delta bonaerense, a su verano de mosquitos y a integrarse a la memoria del barro.

 

La región se afianzó con una trayectoria cambiante a nivel productivo y demográfico, signada por su inevitable adaptación y la dependencia a los macro-procesos regionales y nacionales, en función del aprovechamiento de sus vastos recursos naturales. Para mediados del siglo XX, el sector ya gozaba de un auge nunca visto. El aumento de la población fue de la mano del incremento de la cada vez más rentable producción frutícola, en un lugar donde todo lo producido se destinaba al mercado interno nacional. Esta bonanza no fue pasada por alto por un Estado que implantó la infraestructura básica en materia de educación y salud, creando escuelas primarias y unidades sanitarias. Para el traslado y abastecimiento de esos primeros pobladores y sus familias, fueron llegando los servicios de lanchas de pasajeros y de provisión, que recorrían incansablemente los canales.

 

Poco a poco las crecientes, poco a poco el desinterés nacional en su potencial productivo, poco a poco una suerte de olvido inundó las islas y el crecimiento económico que la industrialización fue dando a la zona continental no acompañó al desarrollo del sector insular, y marcó una distancia cada vez mayor entre la pujante ciudad y su verde pulmón, cuya suerte y la de sus habitantes fue echada por la borda. La desinversión estatal y privada, la competencia de nuevos mercados, el avance de las rutas terrestres a nivel nacional y la ausencia de interés del gobierno en mantener a flote al sector, se sumaron a las inclemencias climáticas, con intensas crecientes que agravaron estas desventuras y terminaron desalentando por completo a muchos isleños que decidieron interrumpir sus proyectos. De esta manera una generación entera cerró la puerta y marchó a un exilio masivo hacia la ciudad. El delta fue prácticamente abandonado, se diluyó cualquier intención de retorno futuro, y retomó entonces ese primer origen de territorio marginal y de tránsito. 

 

Hoy la región se identifica como “núcleo forestal”, para abastecer primero a la industria celulósica-papelera nacional, con unidades productivas extensivas y concentradas en pocas manos. Aquellas esplendorosas plantaciones frutícolas se fueron perdiendo para dar paso al monocultivo de salicáceas: álamo y sauce. Con el descenso de la población establecida con vivienda permanente, se produjo un déficit de servicios de transporte, proveeduría, salas de primeros auxilios y, fundamentalmente, de un vínculo aglutinante como es la constitución comunal o vecinal. En este duro camino del núcleo familiar frutícola al patrón forestal, se vislumbra un panorama socioeconómico dividido muy desproporcionadamente, que golpea entre dos regímenes de producción: el de economías locales de subsistencia y aquellas de tipo capitalista.

 

“Con el mimbre se vive, con la madera se acumula”, esta ecuación básica, que signó la vida del isleño por años, debe ser dejada atrás para dar un salto cualitativo al bienestar, potenciado desde la pequeña escala y necesariamente impulsado por una impostergable intervención estatal.

 

Paradójicamente, en una zona que posee miles y miles de hectáreas cultivadas, nos basta una mano para contar los aserraderos a pie de monte (de vital importancia en la cadena de valor al evitar gastos de transportes innecesarios y emplear la mano de obra local) que apenas si alcanzan el primer eslabón de las manufacturas con la elaboración de tablas. Mayormente, la madera local viaja en bruto sobre camiones y barcazas al Tigre y San Fernando para ser procesada y agregarle ese poco valor afuera. A su vez, la incipiente pero potente producción de muebles de álamo queda fuera de juego por falta de marketing.

 

El mimbre, victima también de la concentración económica y de su caprichosa dependencia a un manejo eficiente del agua, parece extinguirse en el recuerdo de un antiguo cesto dejado en la baulera, si bien todavía quedan desperdigados algunos isleños e isleñas resguardando y reproduciendo estos saberes. Mientras tanto la producción de miel, hortalizas y cítricos, luego de lidiar con las crecientes y las mezquindades del transporte, no llega mucho más lejos de la frontera del Paraná y queda mayormente para consumo familiar. Al parecer las vacas, en su corto tramo de vida entre las abundantes pasturas del Delta y el matadero en continente, y frente a la inmediatez productiva que representan sus vidas en comparación con la década infructuosa del álamo, son las únicas con alguna perspectiva de valor futuro, si bien todavía la actividad ganadera no se recupera de la última gran creciente del pasado año. 

 

Informalización laboral, inestabilidad económica, desorganización. Una mayor oferta de capacitación en oficios, facilitación de herramientas y maquinarias y financiamiento a emprendedores. Estos son algunos de los puntos pendientes en la política pública insular que hacen tambalear cualquier tipo de iniciativa laboral y que no necesitan más que planificación social. No requiere ningún descomunal desembolso de dinero sino simplemente un equipo de funcionarios y gestores públicos con ideas pro-activas para manejar los recursos disponibles y facilitar cuestiones comunicacionales, de logística y de formalización laboral, entre otras.

 

Los albores civilizatorios occidentales de nuestro Delta se dieron con gringos arrojados a estas islas sin más recursos que lo puesto y con todo un monte por explorar, donde levantaron palacios. Hoy el panorama es distinto: el monte tiene dueño y nosotros mayormente nos olvidamos cómo crecer con él. Pensar en repoblar el Delta está vinculado directamente a fomentar el trabajo como ancla hacia la estabilidad económica y como lazo invisible de integración comunal, soldando así los rotos eslabones de esa cadena de economías vinculadas de antaño. Y es recordar que el mercado interno perdido somos todos nosotros. Entre otras cosas, apoyando el consumo de productos y servicios isleños mantendremos vivo su patrimonio cultural y quizás el día de mañana podamos también elegir a la Isla como nuestro lugar en el mundo para vivir.

Juventud isleña – El derecho a crecer

x Matías Barutta

Poesía x Fátima Alvarez

Domingo 5 de Marzo 2017

“Los albores civilizatorios occidentales de nuestro Delta se dieron con gringos arrojados a estas islas sin más recursos que lo puesto y con todo un monte por explorar, donde levantaron palacios. Hoy el panorama es distinto: el monte tiene dueño y nosotros mayormente nos olvidamos cómo crecer con él. Pensar en repoblar el Delta está vinculado directamente a fomentar el trabajo como ancla hacia la estabilidad económica y como lazo invisible de integración comunal, soldando así los rotos eslabones de esa cadena de economías vinculadas de antaño. Y es recordar que el mercado interno perdido somos todos nosotros. Entre otras cosas, apoyando el consumo de productos y servicios isleños mantendremos vivo su patrimonio cultural y quizás el día de mañana podamos también elegir a la Isla como nuestro lugar en el mundo para vivir.”

La columna de la fecha comienza con el párrafo final omitido por error en la edición en papel del pasado domingo, con la doble intención de seguir indagando sobre este desafío que implica vislumbrar políticas públicas que estimulen nuevamente un crecimiento demográfico en nuestro delta. Y es que el obstáculo histórico que presenta el clásico dilema de qué viene primero, si el huevo o la gallina, debe ser superado. Escudándose en el corto plazo del sentido común, la falta de gente es el primer justificativo para no realizar la inversión pública pendiente en el sector. Normalizando la situación de movilidad y servicios básicos insatisfechos, estimulando el comercio de productos y servicios isleños, generando puestos de trabajo, en el mediano y largo plazo el panorama se volvería promisorio para el sector. Desde ya implica un desafío que quedará en mano de la voluntad política de nuestros representantes y de su capacidad de visión.   

 

A pocos días del truncado inicio de clases, que para muchos jóvenes isleños implica por sobre todo romper el aislamiento cotidiano, cabe preguntarnos: ¿Cómo invertir el éxodo juvenil? ¿Cómo frenar este inevitable proceso de jóvenes que abandonan la isla por falta de posibilidades, por no querer seguir el unívoco destino de la madera? El sistema educativo expulsa a quienes no se interesan en perpetuar sus cuerpos en el negocio agropecuario. El sistema económico los reemplaza por hermanos del gran litoral, acostumbrados al trabajo duro en el monte pero que dejan a sus familias en el terruño y en la primera de cambio se vuelven, sin estimular un crecimiento demográfico sostenible en las islas, cuando la creciente mecanización que vive el sector forestal emplea cada vez menos mano de obra. Las aulas comienzan a vaciarse y se sucede el cierre de grados primero, y de escuelas como corolario. Algunos jóvenes que tienen otras posibilidades e inquietudes marchan a la ciudad para estudiar, muchas veces incondicionalmente acompañados por sus familias, como soportes para afrontar este nuevo desafío.

 

Pero no se trata solo del derecho vulnerado a crecer desde el sector insular sino también desde hace unos años quedó limitado el acceso para que los jóvenes de continente puedan acceder a una escuela agraria en isla. A la fecha, si bien no se limita la matrícula, el Estado no cubre ni parcialmente los costos de transporte, debiendo las familias particularmente abonar la suma de mil pesos mensuales para que cada hijo pueda acceder a una educación agraria en isla. Esta situación -con todos los matices y opiniones encontradas que puede presentar- no hace de fondo sino acrecentar el aislamiento del sector y paulatinamente estimular el penoso camino al cierre de aulas y escuelas “por falta de gente”. Entonces… ¿Qué viene primero?

Corta juncos y caza nutrias
con el agua colgada al garrón
no hay invierno no hay verano
para cargar el pontón.
La nutria sazonará un guiso,
el cuero lo va a estaquear
y cuando vaya pal' pueblo
pa' tabaco va alcanzar.
El junco extiende en la cancha
allí se podrá secar.
Lo clasifica, él sabe
como lo va a presentar.

 

Así transcurren sus días,
sin nada para variar
masca tabaco y espera
que el sur no vuelva a soplar.
Con el pasar de los días
pa' Tigre habrá de rumbear
con su trabajo cargado
y provista por comprar.
Cuando regrese pal' rancho
solo le resta esperar
que no haya viento mañana
y todo vuelva a empezar.

Junquero

Correntada de voces

x Matías Barutta

Poesía x Fátima Alvarez

Domingo 19 de Marzo 2017

Habla Ismael Firpo, arrastrando tras de sí cien años de nuestra historia.

Ya no llegan cartas a la isla. Hace tiempo que no llegan. En uno de mis primeros encuentros con Ismael, él me comentó cómo funcionaba el sistema de correo en isla, respondiendo a mi pregunta alusiva a la estafeta postal del Correo Argentino ubicada en la histórica despensa del Blondeau. “La lancha de pasajeros era correo y tenía un sistema lindo para entregar las cartas. Ellos la envolvían en un palito, la ataban y pasaban cerquita, y te la revoleaban. Y para alcanzar la carta, para que te la lleven al correo, una caña: se extendía en la punta del muelle, con la carta en la punta y cuando pasaba la lancha, la agarraba. Carta que no se podía entregar terminaba en la estafeta. Un sistema lindo: antiguo pero bueno.”

Esta columna se propuso llegar a marzo con la agenda completa, antes que el aluvión de justas demandas de continente entierre los reclamos históricos de los y las invisibilizadas que moran del otro lado del río. Hicimos hincapié en los derechos humanos básicos insatisfechos del sector de islas: transporte, salud, educación, trabajo y el acceso a los servicios elementales. Pero por sobre todas las cosas, enfatizamos en nuestro Patrimonio Cultural Isleño que, a pesar de todo, resiste con alteza.

A esta columna pues, solo le queda deshacerse en una correntada de voces, reivindicando la vieja estafeta postal del Blondeau y las cartas perdidas, como un nuevo vínculo entre isla y continente. En esta ocasión, toma la palabra Ismael Firpo, volcando extractos de una carta presentada el pasado 10 de marzo ante el Ejecutivo y el HCD, ingresada con el N° de Expediente 38127/17.   

“Por medio de la presente informo a usted sobre mi decisión de cesar las actividades del recreo, proveeduría, restaurante y hospedaje Recreo Blondeau. El mismo funcionó como un sector turístico muy reconocido de esta zona del delta desde el año 1920 y yo lo he explotado conjuntamente con mis hermanos desde 1962. Ahora estoy solo desde enero del 2006, debido a mi edad de 78 años y mi deteriorada salud ya me es imposible proseguir atendiendo este lugar turístico. Además el hecho que ya no tenemos trasporte de pasajeros público… quedando a la fecha el servicio privado solo por los días sábados y domingos, por lo que en días de semana no existe trasporte, ya que la lancha de la escuela tiene prohibido trasportar a la familia isleña, solo alumnos y maestros al edificio educacional.

Todos estos eventos explicados en el párrafo anterior ocasionaron que la actividad turística se redujera y que el isleño, en su gran mayoría, migrara a la ciudad. Al decaer la actividad comercial por la cual me encuentro habilitado y con la intención de conseguir gente interesada en seguir con dicha explotación, solicito se me otorgue cese temporario hasta fin de año para poder transferir, alquiler y/o vender.

Además vuelvo a reiterar se prevea una condonación a la tasa de seguridad e higiene que he solicitado a principios del año 2016 por Expediente N° 29.349/16, debido a las inundaciones sufridas que son de público conocimiento y a la fecha no he tenido contestación alguna, teniendo en cuenta que en el futuro es muy posible que volvamos a sufrir más inundaciones.   

Le recuerdo que por ordenanza 5236/08 se declaró Patrimonio Histórico y Cultural al Recreo Blondeau.

Sin otro particular y esperando que consideren la situación del sector de islas de Campana (la que se encuentra abandonada) busquen una solución, principalmente al trasporte.”

Carta presentada el 10/03/2017 por Mesa de Entradas en Municipalidad.

No te apichones isleño
si es que el agua te bandea,
la vida que te rodea
es de trabajo muy duro
pero vos sabrás seguro
que Dios velando estará.
Él sabe que vos saldrás
victorioso de la prueba,
aunque sabes lo que lleva
el agua grande que viene.

Más vos con la frente en alto
siempre darás la pelea,
sacarás a cómo sea
tus cosas de ande se cuadre,
salvarás cachorros, madre,
las gallinas y tus perros.
Porque sabes que es tu modo
de porfiarle a este río
que al cabo que si has nacido
en el medio de estas islas
sepan todos que tu vida 
es lucha, trabajo y sangre.

Pelea

Versión web en La Autentica Defensa Diario : http://www.laautenticadefensa.net/138500

El agua también tiembla

x Matías Barutta

Domingo 05 de Noviembre 2017

Salvaje especulación inmobiliaria en el Delta de Campana. Empresarios buscan desalojar familias isleñas para lotear sus tierras en el marco de dos megaproyectos inmobiliarios.

 

El Tigre y la cuenca del Lujan ya están saturados. La empresa desarrollista Brenna lo supo ver y buscó explotar sus ganancias río arriba, a costa de nuestra población isleña y del medio ambiente que los ampara frente al indómito avance del capital privado.

Se trata de dos ambiciosos proyectos inmobiliarios que se pueden chequear en su página web con todo detalle (www.brenna. com.ar): "Bahías del Paraná" e "Islas de las Palmas". Ambos proyectos, según explican en la web empresarial, cuentan con el apoyo del Municipio de Campana.

"Bahías del Paraná", está planteado del lado continental, en la Reserva Natural de Otamendi, a la vera del Canal Santa María y del río Paraná de las Palmas. Este proyecto utilizaría fondos públicos para el dragado de dicho canal y el posterior relleno de un controvertido camino a través de la reserva para generar un acceso terrestre al futuro barrio desde la RN 9, generando un impacto ecosistémico insondable.

"Islas de las Palmas", ubicado a la misma altura, del lado insular, ya comenzó su loteo. Proseguir tal cual el diagrama planteado implica el desalojo de varias familias isleñas, que a la fecha padecen de una persecución y un hostigamiento permanente por parte de los representantes y emisarios del grupo desarrollista, que incluso les han valido denuncias penales frente a las amenazas y maltratos vertidos en su afán de amedrentar a nuestros vecinos y vecinas isleñas.

La familia Cenizo -isleños de quinta generación y con más de quince años de posesión en las tierras que hoy les reclaman- es emblema de esta lucha desigual por mantener su tierra productiva y su hogar, frente a la avanzada especulativa que busca instaurar viviendas de ocio y fin de semana. Rubén y Lidia, con dos menores a su cargo y en el trajín cotidiano de ganarle el pan al río Paraná, sostienen una estoica batalla judicial contra el grupo desarrollista Brenna, que el pasado jueves dio un paso adelante con el juicio de desalojo hacia ellos. "Vinieron con un oficial de justicia engañado" comenta Rubén, "quisieron engañarnos presentando títulos de otro campo para sacarnos del nuestro", concluye. Si hasta la casa que Rubén y Lidia construyeron con sus propias manos le reclaman.Vale destacar que la primer instancia judicial por usurpación que movilizó el grupo desarrollista, fue resuelta no ha lugar por falta de fundamentos.

Frente al generalizado desorden legal de las tierras en isla, cabe primero preguntarse cómo estos grupos empresarios adquieren una cantidad descomunal de tierras a precios irrisorios, muchas veces exponiendo papeles de dudosa procedencia. También, reflexionar sobre la legitimidad en el buen uso de la tierra que realiza una gran parte de nuestra población isleña, que carece de los canales formales de la propiedad privada pero que su posesión queda legitimada por el tiempo y la productividad delas tierras que habitan, logrando su función social y cuidando del medioambiente que los contiene. Los y las isleñas son nuestros pueblos originarios, quienes han crecido en el barro y quienes defienden el monte, y su cultura y nuestros bienes comunes son lo que peligran cuando se producen estas avanzadas del capital. Peligra el acceso público a nuestro río y nuestras islas. Peligra un modo de vida centenario que tiene todo lo que perdimos en las ciudades y que es necesario proteger, para evitar su paulatina expulsión y el futuro engrosamiento de los márgenes de nuestras ciudades.

En este tiempo salvaje e incomprensible que nos toca vivir, si la tierra tiembla, el agua también, pero no nos iremos de aquí.