Caleras

Una de cal y una de cemento; así pasan los días en Vallemí, que crece con la industria de la construcción. Los números prosperan mientras los árboles caen; el monte desforestado sacrifica hasta las piedras de sus cerros por el progreso de la ribereña ciudad y la blanca patria calera.

La INC (Industria Nacional del Cemento) se levanta majestuosamente a orillas  del río Paraguay, propietaria de 14 mil hectáreas de selva. Por otro lado, la industria de la cal, hambrienta de leña buena y gruesa, que queme en forma constante y permanente, requiere de 1000 mts3 por día para producir 6.000 Kg. de cal. Su derrame se traduce en 100 mts2 de monte que desaparecen día a día en mano de leñadores y limpiadores. Los hornos nunca paran y las piedras calizas arden constantemente a una temperatura de 900 a 1000 °c para convertirse en cal viva.

Las largas jornadas laborales y los bajos sueldos, empobrecen aún más las paupérrimas condiciones laborales en la producción de cal. Los pica-piedras, martillo en mano, muelen las piedras en medio del intenso humo de los hornos; por debajo, los caleros recogen en pala la cal viva para guardarla en bolsas, sin más que un trapo colgando del rostro. La cal, ya embolsada, es transportada río abajo por barcazas a Asunción.

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Trabajo realizado por Matias Barutta y Diego Mares, Paraguay (2011)